Glow 2: las mejores luchas están detrás del ring

La segunda temporada de Glow es aún mejor que la primera por mostrar más aristas de sus personajes. La serie de lucha libre de mujeres, que estrenó el viernes pasado sus nuevos episodios en Netflix, aborda temas como el feminismo, el racismo y la homosexualidad sin caer en los lugares comunes, aprovechándose de forma inteligente de lo políticamente incorrecto de los ochenta.

 

                                                                                                                                                                                                                                                         Foto: PoseidonHD

 

Si la moda era ostentosa en los ‘80 con grandes accesorios, hombreras, brillo, ropa en colores intensos y peinados voluminosos, imagínense aplicada a un show de lucha libre femenina. La primera temporada de Glow trataba del intento del director Sam Sylvia de poner en marcha un programa de TV que retratara justamente ese mundo, con todo el teatro y las maniobras involucradas. La segunda entrega, que estrenó en junio, profundiza en los personajes arriba y  bastidores del ring de lucha, consolidando la historia, ahora ya dentro de un canal de televisión. Con humor sarcástico y drama en sus puntos justos, la serie trata de temas más profundos de lo que uno imaginaría, pero sin caer en los clichés y en el melodrama, impulsada por sus muy buenos guionistas.

 

Glow existió en los ‘80

 

Glow está basada en el programa homónimo de 1986 creado por David McClane y Matt Cimber. Si bien los personajes no son exactamente los mismos, la serie del 2017 mantiene las tramas exageradas típicas de la lucha libre que agrandan las rivalidades en el ring y los estereotipos, que capaz solo podían ser retratados de esa manera descuidada por el contexto de aquella época. El personaje Tammé Dawson (Kia Stevens) -“La reina de los subsidios”- bien lo explica a su hijo cuando él le pregunta si no se estaban aprovechando de ella: “No soy el único personaje ofensivo. Todas lo somos”, afirma ella, y tiene razón.

 

Lo "políticamente incorrecto" era la regla en los ‘80, ya que muchas veces no se cuestionaban temas muy debatidos en la actualidad y por ese motivo hay de todo para ver en el show. Desde “Zoya, La Destructora” que representaba la villana rusa que quería destruir a “Liberty Bell”, personaje “modelo” de los EEUU, en un contexto que todavía respiraba el final de la Guerra Fría, hasta “Beirut, la terrorista” o “Galleta de la fortuna”, ambas interpretadas por actrices cuyos rasgos étnicos deberían generalizar todo un país o región, a partir de una mirada claramente político-hegemónica de los EEUU. 

 

El episodio piloto de la serie original está disponibilizado en Youtube:

 

 

Las protagonistas

 

La rivalidad entre Ruth Wilder (Alison Brie) - Zoya - y Debbie Eagan (Betty Gilpin) - Liberty Bell - también existe fuera de los escenarios. Las ex mejores amigas tienen una relación compleja, una vez que Ruth tuvo relaciones sexuales con el marido de Debbie en la primera temporada. Sin embargo, en la segunda entrega, esta parece sobre aprovecharse de la culpa de la primera, que, a su vez, busca de todas las maneras arreglar lo mal hecho, dejándose pisar y ser boicoteada más de una vez.    

 

                                                                                                                                                                 Fotos promocionales - propiedad de Netflix 

 

Los bastidores son aún más interesantes. 

Todas las “Hermosas Damas de la Lucha Libre”, como se traduce el significado de la sigla de Glow al español, tienen un espacio en el show arriba y detrás del ring. La segunda temporada profundiza en las tramas no sólo de las protagonistas, sino también de muchas de las gladiadoras secundarias y hace con que la audiencia se identifique con cada una de ellas, con las imperfecciones que caracterizan su humanidad. Los primeros episodios son un poco lentos y la serie tarda un poco en arrancar, pero el resultado final es aún más bien logrado que en la primera temporada.

  

El feminismo en la serie

 

Una serie sobre mujeres luchadoras no podría dejar de retratar la lucha de las mujeres por un tratamiento igualitario de sus derechos. Una poderosa escena retrata el acoso en el trabajo, específicamente en el mundo televisivo, y no hay forma de no relacionarlo a los tantos casos que salieron a la luz con la campaña "#MeToo - Yo también", encabezada  por las actrices de Hollywood. La serie recuerda que la culpabilización de la víctima también es hecha por otras mujeres.

 

Igualmente se realiza un paralelo entre los personajes de Tammé y Debbie que, aún con todas las diferencias en sus orígenes y condiciones socio-económicas, establecen un vínculo por compartir las dificultades de criar un hijo en soledad. Por otro lado, Debbie se impone como la única productora mujer del espectáculo.

 

Crece el sentimiento de hermandad entre las luchadoras de Glow que, por medio del programa de lucha libre, se ven más fuertes física y emocionalmente, y logran desarrollar su individualidad tanto en la vida privada como profesional.

 

Problemáticas sociales

 

Glow utiliza el sarcasmo, los estereotipos y, en algunas ocasiones, el drama en la dosis justa para abordar asuntos de gran implicancia desde los ‘80 hasta en la actualidad: el machismo, el acoso sexual, el SIDA, los prejuicios étnicos, la droga, etc.. Resalta el trabajo de lxs guionistas que ofrecen el equilibrio entre sus elementos, hacen un tratamiento humano de los temas y presentan giros importantes a la trama. De hecho se destaca Tammé Dawson en el episodio 4, de gran hondura, que problematiza acerca del racismo -aún más descarnado en la época- y de los subsidios ofrecidos por el gobierno a los más necesitados, transformado en forma de burla en su personaje en el ring.   

 

                                                                                                                                     Fotos promocionales - propiedad de Netflix 

 

No solo mujeres

 

El director de filmes de terror B Sam Sylvia es el creador de Glow y uno de los protagonistas que más crece en la serie. En la segunda temporada el público puede ahondar en sus fallas, y entender más su postura por veces autoritaria e insensible, logrando empatizar en otro nivel con él. Se vuelve aún más importante su relación con Ruth o la recién descubierta paternidad con su hija Justine. Gran interpretación de Marc Maron. 

 

Chris Lowell es la mayor incógnita de la segunda temporada con su Bash Howard. El productor, que es el heredero con plata que financia el programa de lucha libre,  pasa buena parte de los episodios buscando a su “mayordomo” Florian que había desaparecido. La relación entre los dos no es clara y tampoco lo es la orientación sexual de Bash.

 

¿Tercera temporada?

 

Netflix todavía no confirmó una tercera temporada de Glow, pero la serie deja muchos interrogantes para que eso se produzca. Si las primeras críticas son evidencia de ello, podremos esperar nuevos episodios, de esta vez en Las Vegas.   

 

 

 

 

 

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Córdoba, Argentina