Siete razones para ver “Chernobyl”

Contundente, tremenda, asfixiante. La mini serie “Chernobyl” se hizo merecedora hace una semana de tres premios Emmy a lo mejor de la televisión norteamericana y por eso hoy en nuestra sección de “Libros que traspasan el papel”, te damos siete razones para verla. Eso sí, prepárate para conocer de cerca una de las catástrofes humanas más importantes de la historia moderna. 

 

 

Basada, en parte, en el libro “Voces de Chernobyl”, de Svetlana Alexievich, una de las miniserie de las que más se ha hablado en este 2019 consiguió alzar -hace sólo una semana- tres premios Emmy a lo mejor de la TV de Norteamérica. No es para menos. Logrando una reconstrucción sumamente perfecta de lo que fue la ciudad donde ocurrieron los hechos –en particular-, y el sistema de gobierno de la Rusia comunista –en general-, la producción de HBO cuenta de manera pormenorizada desde horas previas y hasta años posteriores la explosión de un reactor nuclear en la base estatal de Chernobyl, ubicada en la ciudad de Prípiat el 26 de abril de 1986.  

 

Tomando como eje tanto los testimonios de autoridades, científicos y trabajadores dados a conocer -en parte- en el juicio realizado años después, como también de ciudadanos anónimos que fueron víctimas del hecho, la serie reconstruye al mismo tiempo una historia y las emociones/sensaciones que vivieron quienes fueron parte de una población que quedó atrapada en el engaño y desinformación.

 

Acá te contamos nuestras siete razones para no perderla de vista:

 

1. Fue una de las favoritas en los premios Emmy. Ya sé que esta razón es para la tribuna, o, si se quiere, demagógica, pero pocas veces sucede que una excelente serie es premiada como se merece. Por lo que destacar en este sentido sus lauros en los últimos Emmy se deja de ser obvio. En la reciente entrega de las estatuillas a lo mejor de la TV norteamericana, Chernobyl se quedó con los premios a Mejor Miniserie (le ganó a Escape at Dannemora, Fosse/Verdon, Sharp Objects y Así nos ven), Mejor dirección (Johan Renck) y Mejor guion (Craig Mazin).

 

2. Tomando el nombre de nuestra sección de “Libros que traspasan el papel”, la miniserie en cuestión se basa en el libro “Voces de Chernobyl” y nos lleva directamente al nombre de Svetlana Alexievich, autora bielorrusa ganadora del Nobel en 2015. A través de una exhaustiva investigación, la escritora y periodista (que de hecho denuncia que no se la haya puesto ni siquiera en los créditos de la serie) recopiló testimonios de cientos de personas que sufrieron y fueron testigos de la explosión en la central nuclear en 1986, para narrar luego el desencadenamiento de viles decisiones políticas del gobierno comunista de Mijaìl Gorvachov. Alexievich le puso voz a cientos de hombres y mujeres anónimos que tuvieron que abandonar sus casas en la ciudad de Prìpiat –donde está ubicada la central nuclear- de un día para el otro y debieron enfrentarse al peor de los  enemigos: la mentira organizada. La autora tiene otros interesantes libros, además del nombrado, para tener en cuenta. Uno de ellos es "La guerra no tiene rostro de mujer", donde recoge los testimonios de aquellas que también combatieron, desde sus casas y hogares, la Segunda Guerra Mundial.

 

 

3. Ficcionar un hecho real no es tarea sencilla. Tomar datos puntuales de una investigación y lograr hacer encajar personajes centrales con otros que pueden ser creados para sostener aún la trama no suele verse a menudo en la TV chica, por lo que un resultado como éste hay que subrayarlo. Premiado por semejante labor, Craig Mazin (conocido antes por dirigir comedias como The Hangover o escribir el guión de Los ángeles de Charlie) se mete de lleno en una propuesta que mixtura narrativa con formato documental, contando una de las peores tragedias de la modernidad, que no sólo fue generada por soberbia humana, sino que terminó siendo una de las causas de la caída de la Rusia comunista. Poder, política, historia y medio ambiente tanto de treinta años atrás como del hoy son las coordenadas donde se ubica esta miniserie realizada con precisión documental y que cuenta de manera retrospectiva desde minutos antes hasta años posteriores a la explosión.

 

4. Las pequeñas cenizas que caen en la cabellera de niños como un juego cualquiera, el sonido de cortocircuitos constantes de luz bajo tierra y hasta el olor a humo de hierros y plásticos quemados. Todo en Chernobyl se siente como si estuviera pasando aquí y ahora. Con una estética impecable, se logra recrear una ambientación tan real de la central nuclear y la ciudad de Prípiat, donde estaba emplazada, que la reacción como espectador no es otra que una tremenda sensación de asfixia y desesperación. Hay que dejarlo claro desde el comienzo. En cada escena, diálogo y efecto, la miniserie nos invita a experimentar aquello que sintieron no sólo quienes sufrieron en carne propia la exposición extrema a la radiación nuclear, sino la impotencia, necedad e ignorancia que vivieron científicos, autoridades, médicos, bomberos, etc etc etc a partir de la tragedia.

 

5. Ninguno de los premios Emmy fue para los actores protagonistas de la serie, aunque cada una de sus performance fue impecable. Comenzando Stellan John Skarsgård, quien representa a la figura de Boris Shcherbina, Vicepresidente del Consejo de Ministros y jefe de la Oficina de Combustibles y Energía de la URSS, a quien le asignan la tarea de dirigir la comisión del gobierno de Chernobyl hasta Jarred Harris, en la piel de Valeri Alekséyevich Legásov científico soviético que comandó la organización en el momento crítico de la explosión. Incluso es conmovedora la actuación de Emily Watson, personaje ficticio de una científica creado para la ocasión, que se construye para darle justamente voz a hombres y mujeres que aportaron desinteresadamente sus conocimientos, poniendo en riesgo su salud y su vida para tratar de desentrañar la verdad sobre Chernobyl.

 

 

6. ¿Por qué narrar hoy desde EEUU la negligencia de la Rusia Comunista de los `80? ¿Qué hay detrás de las críticas a la serie desde el gobierno de Putin y la voluntad de poner en escena desde la televisión rusa una serie que cuenta su propia versión de los hechos ocurridos en Chernobyl? Quienes crean que aquello que se ve (o dejar de ver) es pura causalidad se equivoca, por lo que ver esta serie es también un interesante ejercicio de reflexión sobre cómo la industria del entretenimiento atraviesa la geopolítica actual. Ver Chernobyl es también entender cómo se tejan y dejan de tejer los (tensos) vínculos de potencias internacionales como EEUU y Rusia.

 

7. Por último, y dejando de lado cuestiones netamente artísticas, la serie tiene tan solo cinco capítulos por lo que se puede ver en tiempo reducido. Entre tanta serie extensa y con próximas temporadas, no está nada mal embarcarse en una historia que se cuenta de manera concreta y sin tantos cortes en pocas entregas. Además, la tensión que genera es tal, que no hay chances de que puedas permanecer mucho tiempo sin volver a poner play en tu televisor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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