"Mujeres de invierno" o como amar en tiempos de Nazismo

 

Elegir un buen escenario para una historia de amor es, en algunos casos, una excelente forma de encontrar un atajo para que ese relato llegue a buen puerto en manos de los lectores. Y cuando hablo de un buen escenario hablo, por supuesto, de un marco propenso a la fantasía, el romanticismo y la pasión. Ambientes luminosos, coloridos y abiertos, donde los personajes puedan dar rienda suelta a la locura que los envuelve.

Esta lógica, si se puede decir así, no es la que tuvo en mente seguramente el escritor cordobés Luis Carranza Torres a la hora de escribir “Mujeres de invierno”. Más bien, todo lo contrario. ¿Cómo podría surgir no una, sino dos historias de amor en los años previos de la Segunda Guerra Mundial en una ciudad como Berlín asediada por una doctrina política como el Nazismo, que nació con la plena intención de cercenar libertades personales? ¿Cuáles serían las herramientas de las cuales echaría mano el autor para lograr que -como lectores- podamos recrear atmósferas intimistas y edulcoradas al extremo cuando todo alrededor es terror, angustia y desesperación?

Quizás aquí se encuentre entonces la clave de por qué “Mujeres de invierno” queda en nuestra memoria como una buena historia: la contraposición entre la oscuridad de la época y la luminosidad de sus personajes. Al igual que un telón de fondo negro, bien ubicadas, las figuras se las ingenian para terminar resaltando en su totalidad.

Con una narrativa que intercala de principio a fin –y en primera persona- las personalidades de Constanza y Lucrecia López de Madariaga, la última novela de Carranza Torres describe de a poco, pero con generosos detalles estas dos “Mujeres de invierno”, quienes serán las encargadas de darle estructura a este texto que va tejiendo la cotidianeidad de la capital alemana en plena expansión del gobierno de Hitler. Hija y madre, madre e hija, en las antípodas ideológicas, emocionales y espirituales, pero similares en cuanto a su pasión por seguir sus propios caminos, ellas son parte de la familia López de Madariaga, familia que reside en la embajada argentina y jugará un papel importante –en la ficción, claro está-a la hora de prevenir sobre las bestialidades del régimen Nazista. Tanto a través de Coti como de Lucrecia podremos entonces adentrarnos en la sociedad de aquel entonces y entender no sólo las lógicas políticas y económicas, sino también la vida doméstica de un pueblo que no sabe que lo peor está por pasar.

Ellas son los extremos. Coti, como veinteañera, sueña con dejar atrás temores de la infancia y convertirse en una mujer adulta lejos de su país de origen, y Lucrecia –con raíces arias-, entiende que la designación de su marido en la Embajada nacional es la única oportunidad que tiene para ser alguien más que “la esposa de”.

Sus oposiciones, claro está, serán las puertas para descubrir los dos costados de aquella grieta. Coti nos llevará por la Berlín que resiste, la de sus ciudadanos silenciados y ubicados en las márgenes. Lucrecia, en cambio, nos mostrará el poder en cada una de sus formas.

El libro describe y detalla de buen modo momentos históricos, escenarios, figuras y sucesos reales de la entreguerra, dejando notar así la exhaustiva investigación del autor a la hora de abordar una novela histórica, sin embargo, lo mejor no está en esos precisos datos (que por momentos se vuelven demasiado extensos), sino en la descripción y la libertad de acción de sus personajes de ficción -tanto principales como secundarios- que comienzan a tejer casi al promediar la trama una red de espionaje, pasión y amor, que no dará tregua hasta que se termina la última hoja.

Coti y Lucrecia son las Mujeres de invierno que le dan vida a esta novela y por lo tanto pilares del relato, pero no son las únicas. Sin llevar el apellido López de Madariaga, Fiama es también un personaje que va ganando terreno página tras página, y jugará un papel predominante en la narrativa creada por Carranza Torres, que alberga la llave para un final inesperado. Y aunque no haya ningún masculino en el título de su obra, Ignacio López de Madariaga es también un estandarte durante todo el relato que hilvanará de principio a fin la obra para que no se desplome.  

Interesante, entretenida, amena en su lectura y con una tensión que no decae “Mujeres de invierno” es un libro que hace una interesante apuesta narrando la historia de cordobeses  al otro lado del océano y en una particular época histórica, y sale airoso en el resultado,  al dejarnos como lectores, satisfechos con nuestras expectativas.

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Córdoba, Argentina