Sobrevivir a pesar de todo

8 Nov 2017

Si hay un hecho que ha inspirado libros y películas es la Segunda Guerra Mundial. Ese es también el contexto de “El jinete de bronce” que recorre los avatares del conflicto bélico en el enorme territorio ruso.

Aunque el relato está atravesado por una historia de amor, lo mejor que tiene la obra de Paulina Simmons es Tatiana, una protagonista fascinante e inspiradora que no pierde la fe, el humor ni la bondad aún en medio de la pobreza, el frío y la incertidumbre.

 

 

 

 

Tatiana tiene 17 años. Vive en Leningrado. Adora a sus hermanos Dasha (mayor que ella) y Pasha (su mellizo). Habita un departamento comunitario junto a sus padres y abuelos. Adora pasear, comer helado, leer. Tiene un gran sentido del humor pero en su casa nadie la considera de mucha utilidad. Por eso ha dejado la escuela para trabajar en una fábrica cuya mayor diversión es envolver cubiertos.

 

El verano es luminoso en Leningrado. El verano hace brillar su cabellera como si fuera oro. Ese verano le trae un amor, Alexander (a quien ella llama en la intimidad Shura). Pero ese amor no puede prosperar. Alexander es novio de su hermana Dasha y ella tiene muy en claro que “muchachos hay muchos y hermana tiene solo una”. El verano también trae tiempos de cambio, tiempos de guerra, y entonces ese mundo simple empieza a complicarse.

 

Estructurado en cuatro partes, lo mejor de la novela se concentra en la segunda titulada “El feroz abrazo del invierno”. Allí nos encontramos -junto a Tatiana y los suyos- en una Leningrado sitiada. Los bombardeos, la falta de comida y el frío van socavando el espíritu y los cuerpos de los protagonistas. La muerte acecha y poco a poco se vuelve moneda corriente. Nadie ya se detiene frente a los cadáveres que se van acumulando en las calles y en la puerta del cementerio. Hay quienes se entregan sin dar batalla, hay quienes batallan y caen igual, y hay otros -como Tatiana- que eligen a los pequeños gestos de humanidad como forma de supervivencia.

 

La protagonista sabe que la comida escasea, pero igual raciona y comparte. Es su modo de asegurarse que es posible pensar en un mañana, que necesitamos de los otros para no transformarnos en bestias. Tatiana ha crecido en un régimen comunista, pero en medio de tanta devastación quiere creer en algo superior, en un dios que la cobije. Tatiana ama desesperadamente a Alexander, pero prefiere mantener la distancia solo para ver a su hermana feliz aun cuando es consciente de que ella está muriendo, como han muerto Pasha, sus padres, su prima, sus abuelos. Lo único que le queda es Alexander. Ese teniente es su refugio, su esperanza y quien la mantiene viva. Para Alexander, también Tatiana es su refugio, su esperanza y está dispuesto a hacer lo que sea para mantenerla con vida. Así es su amor: capaz de enfrentar las distancias, los temores, los secretos y los avatares de la guerra.

 

“Solo hay una norma, sobrevivir a cualquier precio, y te corresponderá a ti decidir cuál es el precio de la supervivencia”, le dice su abuelo a Tatiana antes de marcharse a Molotov. Ella saber que hay una sola cosa que no tiene precio: su alma. A eso se aferra en medio de la incertidumbre, el desánimo y la enfermedad. 

 

La novela se enmarca en los clásicos vaivenes del género romántico, muy al estilo de "Lo que el viento se llevó". Por momentos se torna lenta, pero no pierde el eje de una trama apasionante, bien construida y de un realismo -por momentos- estremecedor.

 

“El jinete de bronce” es una de esas historias que nos enfrenta a toda clase de tragedias. Y, como lo manifiesta la propia Tatiana al inicio del libro, no hay mejor que los rusos para la tragedia.

 

 

 

Para tener en cuenta

 

“El jinete de bronce” es la primera entrega de la saga creada por Paulina Simmons. Si bien las tres novelas pueden leerse de manera independiente, a ésta le siguen “Tatiana y Alexander” y “El jardín de verano”.

 

No son fáciles de conseguir en su versión papel, solo está en la versión de Debolsillo. Pero vale la pena ponerse en el trabajo de recorrer las librerías y dar con esta historia. 

 

Curiosidades: El título de la novela está inspirado en un poema narrativo de Aleksandr Pushkin, escrito en 1833 e inspirado en la estatua ecuestre de Pedro El Grande (que se encuentra en San Petersburgo) y en la gran inundación de 1824. 

 

Si bien esta obra fue escrita en 1833, Nicolás I no permitió la publicación del poema completo y Pushkin solo pudo editar el prólogo al año siguiente. Finalmente la obra vio la luz tiempo después, aunque con algunas modificaciones en los fragmentos censurados. 

 

Ese es el libro que Alexander le regala Tatiana en la novela de Paulina Simmons. En él está la promesa y también la esperanza de los amantes. 

 

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Córdoba, Argentina