Entrevista a Cristina Bajo

14 Oct 2016

 

Era poco probable que una asidua lectora de relatos góticos como Cristina Bajo, amante de las historias de suspenso y curiosa de los espectros que deambulan aún este mundo, no editara en algún momento un libro como éste.

Pues, si en cada una de sus novelas de la saga de los Osorio existen, por así decirlo, momentos de oscura tensión, personajes que median entre la vida y la muerte y almas en pena, por qué no encausar esa pasión por el género gótico en un compilado que reúna aquello que a ella –como escritora y lectora-, más le interese.

 

Según ella misma lo señala, la idea surgió sin muchas formalidades en medio de una reunión en su propia casa, como suelen ocurrir muchas de sus creaciones.

Quizás fue durante una noche de tormenta, quizás no.

Tal vez por algo extraño que ocurrió mientras los amigos hablaban durante la velada, tal vez no.

Lo cierto es que después de un gran trabajo de investigación, recolección y lectura, se presenta como novedad “Alguien llama a la ventana. Antología del cuento gótico”, con selección, prólogo y notas de la escritora cordobesa Cristina Bajo, reuniendo textos de autores referenciados clásicos de la literatura, como Gustavo Adolfo Bécquer, Emily Dickinson, Leopoldo Lugones y Henry James.

Antecediendo cada cuento, se ubican acotaciones y explicaciones de Cristina Bajo, logrando una cadencia tan perfecta entre voz y palabra, que pareciera que ella misma se prolonga en las páginas, leyéndonos cada una de las historias.

 

Presentada ayer en Córdoba, esta antología editada por Edhasa es entonces una nueva invitación de la autora a ser parte de su universo como lectora, a descubrir los misterios que aún hoy la desvelan y a emocionarse con sus autores preferidos. Finalizando el libro, además podemos leer "La gardenia en el cristal", un relato propio, que cierra de manera tal vez romántica un círculo de ida y vuelta con aquello que está pero no podemos ver, que inició Bajo siendo niña, cuando por primera vez su madre le contó aquella inquietante historia del "hombre a mitad del puente".

Contando uno poco más sobre “Alguien llama a la ventana”, Cristina Bajo dialogó con Babilonia en la siguiente entrevista.

 

- Sabemos que el género gótico es algo que te apasiona y que conoces mucho sobre éste, ¿cuál fue el criterio de selección para esta antología?

– En primer lugar, quise buscar cuentos no demasiados conocidos, ni que figuraran en casi todas las antología. Setenta años de lecturas, ser rata de biblioteca y de guardar recortes por medio siglo de poesías o relatos o temas, me hay ayudado. Y la suerte, como en el caso de “La poesía de ciertas ropas antiguas”, de Henry James, que me llegó por mano de un amigo –Jorge Cónsole- en un viaje que hizo a la Argentina desde España, trayéndome ese librito. O el de “La sala Pequeña”, enviado por una amiga desde Estados Unidos, que visitó el museo de la autora.

            La primera selección fue bastante amplia, pero luego, siguiendo el título de un cuento de Henry James, “La figura en el tapiz”, comencé a seleccionarlos con ciertas características: que tuvieran algo en común, la época victoriana. Aclaro que antes hice otra que dejé por el momento en espera. La tercera selección fue equilibrar el horror y lo extraño con el humor – a veces negro- de manera que de vez en cuando, como hacía Dickens después de las escenas más tristes de sus obras, el lector tuviera el respiro que da la risa o la ironía.

 

- En el prólogo del libro contás sobre aquellas presencias extrañas que sentís como naturales de vez en cuando, y de una reunión que sirve como disparador para pensar sobre relatos de terror, lo que pareciera que la idea de este libro surgió de alguna casualidad.

– Me han sucedido cosas extrañas en mi vida, sin explicación aparente: oír la voz de mi padre despertándome el día que le dio ACV; soñar con mi marido accidentado, que estaba en Mendoza, internado; presentir  a la misma hora lo que le pasaba a un hermano mío en la época de la guerrilla. Sin contar el fantasma que suele aparecerse por casa.

La reunión a la que aludía fue una de aquellas famosas cenas que hacía, en este caso, con Gloria Rodrigué, de la Editorial Edhasa, donde se tocaron estos temas, hablamos de los autores que más nos gustaban y  entre plato y plato quedó planteado el proyecto. En alguna medida, no fue premeditado, ni de parte de la editorial, ni de la mía. Pero nos encantó la idea y así comenzamos a dar forma al proyecto.

 

-¿Cuál fue la principal motivación para dedicar tiempo a esta antología en medio de otros tantos proyectos que tenés como autora?

- Si creemos en las características de los signos del zodíaco, como buena geminiana me aburro de hacer durante mucho tiempo lo mismo. Entonces, robándole algunos días a la novela, y como el proyecto no tenía fecha de entrega, dediqué tiempo y entusiasmo en esos intervalos, para este libro.

 

 

-El libro contiene imágenes sueltas de animales y réplicas de pinturas que acompañan los relatos, ¿por qué quisiste añadir este condimento tan especial a la hora de la lectura?

- Siempre me han gustado los libros ilustrados. Es este caso, comenzó como una idea modesta que propuse a la editorial: agregar pequeñas viñetas inquietantes de vez en cuando, en algunas páginas: arañas, murciélagos, ratas, cuervos, etc. Ellos ya me habían dicho que iban a poner diseños especiales en la letra capital de cada relato..

A Paula Viale le encantó la idea, Gloria la aceptó y luego Viale propuso agregar una imagen más grande en cada cuento… y luego yo dije que por qué no poníamos una a cada prólogo mío… y así sucesivamente, comenzamos a agregarle cada vez más detalles. Lo último fue el hallazgo de los dos búhos bajo la página de los títulos, y el gato negro que se va con la cola levantada, que creo es un dibujo de Rudyard Kipling. Agregué algunos dibujos de Bécquer en “Las ratas en las paredes” y en su leyenda.

 

- ¿Qué te gusta, como lectora, de un buen cuento de terror?

- Que no sea previsible, que no tenga lugares comunes ni escenas repetidas en otros cuentos. En fin, que me sorprenda. Como “Gabriel Ernesto”, o “La pequeña sala”.

 

- ¿Qué fue lo más extraño que te ha pasado mientras elegías estos textos de relatos góticos?

- Cuando tuve que hacer la introducción a mi cuento, no encontraba pie para ese prólogo que debía ser una especie de colofón a la obra, no sólo a “La Gardenia…” Todas mis experiencias extrañas no venían al caso, y no quería “inventar” una conexión. de manera que fui dejando pasar el tiempo. Cuando debía entregarlo, me dormí preocupada y al despertarme, recordé imprevistamente esa conversación con mamá, que tuvimos cuando yo era chica y que hacía años no comentábamos con mis hermanas. Así escribí “El hombre en mitad del puente”, que explica en parte mi aceptación de muchas cosas que no tienen explicación.

 

 

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Córdoba, Argentina