Clásicos para leer en el colectivo

Aunque estamos en verano y para muchos ya comenzaron las vacaciones, seguramente más de uno seguirá haciendo su rutina de viajar diariamente en colectivo. Como para contrarrestar el calor y el cansancio, nada mejor que una buena lectura. 

Esta semana Florencia Vercellone comenta "Macbeth" de William Shakespeare, una obra clave de la literatura universal que incluso hace algunas semanas atrás estrenó su versión cinematográfica en las salas del país. 

 

 

 

 

Su nombre nunca ha pasado desapercibido para quienes son amantes de la literatura universal. Sus historias, personajes y temáticas han calado hondo en el imaginario de la literatura, y todo aquel que lo lee, asegura que no es fácil (aunque se quisiera) salir de su mundo.

Hablamos de Shakespeare. Y todo lo que dicen de él y su obra, es cierto.

Apenas con leer dos o tres páginas, uno se da cuenta que nada parece haber sido inventado como relato desde hace 600 años a la fecha.

También adquirido en mi visita a la Feria del Libro Córdoba este año, “Macbeth” esperaba en mi biblioteca que lo eligiera entre otros tantos títulos, y aunque tardé en decidirme, me gustó haber dejado para el final un clásico en mayúsculas.

No les voy a mentir. Si a Lorca lo devoré en tres viajes en colectivo, Shakespeare me robó varios trayectos hasta mi trabajo, porque aquí no son sólo tres, sino cinco los actos, y cada uno de ellos tiene hasta diez escenas por contar. Por lo tanto, les espera una trama cargada de nombres y espacios que se entremezclan entre sí, que -sin embargo-, vale más que el cansancio de leer.

Considerada una obra de arte de la literatura universal, la tragedia de Macbeth fue una de las últimas piezas teatrales escritas por el escritor británico (1564-1606), y si bien aún no se conoce el por qué de sus personajes (hay quienes aseguran que están basados en los reyes Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia), su poder como narración fue tal, que se ha convertido en un relato que parece repetirse todo el tiempo.

Aunque Macbeth y Lady Macbeth son los protagonistas de la pieza, el deseo de poder es sin dudas el leiv motiv de esta historia, y se puede ver en todos y cada uno de quienes tienen voz en la misma.

Ambientada en Escocia en el siglo (XVII), el relato comienza con una escena donde tres brujas parecen adivinar el destino de la tierra, marcando el designio de un hombre cualquiera, Macbeth, quien de ser un simple general del ejército del Rey Duncan, se convertirá en el dueño de todo.

Es que Shakespeare fue un gran conocedor de las pasiones humanas y el primero en mostrarnos que el más inaccesible de los sueños, puede convertirse en realidad de la mano del más fuerte de los deseos.

Y aquí está la cuestión, ya que él no sólo hablaba de sueños de amor, como en Romeo y Julieta, sino también del más siniestro de los poderes.

¿Es que acaso el deseo no puede ser usado para nuestra mayor ambición, sea del origen que sea?.

“¿Te asusta el que tus actos y tu valentía lleguen a ser quizás igual que tu deseo?”, se pregunta Lady Macbeth en un pasaje de la obra. Pero antes que eso, mucho antes, la historia abre con la escena donde tres brujas dictan un mensaje en clave hacia Macbeth, profesando ese futuro de gloria que él quiso convertir en realidad. 

Entre apariciones fantasmagóricas, los espectros le vaticinan al fiel general que será el próximo rey, premonición que Macbeth nunca cree, hasta que los mensajeros del soberano -luego de una terrible batalla-, le informan que lo han ascendido a Señor de Cawdor, título de gran nobleza.

A partir de allí, esa efímera predicción se convertirá en una posibilidad concreta. Su ambición se hará carne en el deseo.

Aunque claro, para llevar a cabo su plan debe tener a su lado alguien que no sólo lo respalde en sus decisiones, sino que también posea un alma tan o más oscura que la suya y que no se permita dudar en momentos de inseguridad. Y allí es donde la figura de Lady Macbeth se presenta como central en la historia.

Es ella quien manipula cada una de las pasiones de su marido, es ella quien teje artimañas para lograr su cometido. Es ella quien lo convierte en asesino, y por lo tanto, en rey.

Condensando en apenas pocas semanas lo que supuestamente ocurrió en décadas, Shakespeare narra en Macbeth la tragedia donde un rey es asesinado por su propio círculo de fieles, en medio de una escalada de violencia difícil de controlar.

Uno lo lee, y es imposible no recordar pasajes de situaciones reales en este mundo moderno que Shakespeare nunca llegó a conocer, y que nos permite entender la capacidad que tuvo el escritor para retratar aquello que mueve las emociones de los seres humanos.

Supo crear estereotipos que no sólo han marcado el teatro y la literatura de todos los tiempos, sino que han logrado comprender los dramas existenciales de cada uno de nosotros.

Por eso sigue tan vigente hasta el día de hoy.

Por eso es necesario leerlo.

 

 

 

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Córdoba, Argentina