Hoy nos escribe... Federico Keenan

9 Sep 2015

El autor cordobés nos relata en primera persona lo que para él significa escribir un libro.

 

 

 

Terminaba de imprimir los últimos informes del día. Mi profesión declarada, la que figura en un cuadro colgado en la pared, es la de bioquímico. Debo confesarlo desde el principio, no como se confiesa un pecado sino como se habla de una religión que ya no se profesa; porque hoy no trajino laboratorios de análisis clínicos, sino el laboratorio literario en que se tornó mi oficina.

El médico que ocupaba el consultorio contiguo me oyó decir lo de escribir un libro con cierta sorpresa, y creo que no me creyó. Pero fue así y, algunos años después nació “El archivo infinito”, el primero de mis libros, y con él la novedad de presentar mis cuentos en sociedad y conocer al otro protagonista de la historia: el lector.

En aquellas páginas he hablado del tiempo, del destino, del amor y de la muerte, ¿acaso es posible hablar de otras cosas?...Si disfruto de la pintura, de una fotografía o de un libro, la condición humana es el condimento indispensable, el vínculo imprescindible que me conecta con el arte. Del mismo modo, no he encontrado cuestión más trascendente a la hora de escribir que el hombre arrojado a su mundo, el “dasein”, “el ser ahí”, a decir de Heidegger.

Poco a poco, entre la neblina del tiempo, se me fueron esfumando fórmulas de la química orgánica, de la química inorgánica, de la física y de la matemática. Últimamente, y cada vez con más frecuencia, aquella ciencia cede su lugar en la memoria a la literatura, a las páginas que he leído, las de los clásicos que me inspiran y me confirman que, resignados los escritores a escribir siempre sobre las mismas cosas, no hay que perder la buena intención de escribirlas con las mejores palabras, esmerando los modos y el tono de la voz.

Y así llegó el segundo libro, “Sobre hombres y luces”, y en él volví a poner en cada uno de los trece relatos al hombre bajo una lupa que, quien sabe, sea la memoria latente del microscopio de mi antiguo laboratorio. Suelen preguntarme en alguna charla o una simple mesa de café sobre cualquiera de los cuentos, o respecto a los personajes que los habitan y de la mejor manera que puedo les hablo de ellos, como si les hablara de mi propia vida.

Finalizando, me despido como llegué, con una confesión: prefiero las palabras que he leído a las mías, y de ellas me valgo una vez más. En este misterioso transitar entre el bioquímico y el escritor, recuerdo algunas líneas de “Borges y yo”: “Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas…”, “yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica”. Es al escritor a quien le ocurren las cosas y aquel bioquímico, alguien que se deja vivir para que el otro exista, escriba sus cuentos y este puñado de palabras, en un lugar llamado Babilonia.

 

 

 

Datos del autor

 

FEDERICO KEENAN nació en Belll ville, Córdoba, en 1969. Egresado de la U.N.C en 1992 con el título de Bioquímico Clínico incursionó, años más tarde, en el ámbito literario.

Participó en el año 2003 de la antología “Poesías y Cuentos del mundo” editada en la ciudad de Córdoba y en noviembre de 2008 logró el primer premio en el género narrativa del Concurso “Dr. José O. Abatedaga” que conmemoraba el centenario de su ciudad natal. En 2008 publicó el libro de relatos “El archivo infinito” (Ediciones del Copista) y en 2013 su segunda obra, “Sobre hombres y luces” (El Emporio Ediciones).

Actualmente es presidente de la Biblioteca Popular “Ramón José Cárcano” de la ciudad de Bell Ville y, al mismo tiempo, integra la subcomisión de Escritores y amantes de las Letras que publicó durante varios años la revista cultural “Ideario”.

Please reload

  • Facebook - Black Circle
  • Twitter - Black Circle
  • Google+ - Black Circle
  • YouTube - Black Circle

babiloniagestionliteria@gmail.com

 

Córdoba, Argentina